Hola a todos. Cuando era un pipiolo siempre tuve el deseo de tener un pierna rota, o un brazo, tal vez con un dedo de la mano, pulgar o meñique, me bastaría, pero nunca lo pude conseguir. Imagino el por qué de mi deseo de tal ataque a mi propia salud. Ahí estaría yo, recubierto de escayola blanca y limpita, reluciente y a la espera de ser cubierta de firmas y dedicatorias de mis compañeros. Me plantaría muletas en manos (o con la súper versión de silla de ruedas), y la gente estaría pendiente de ayudarme para la entrada y salida del cole, para subir y bajar del bus, me permitirían jugar en el recreo con mis cuatro piernas y sin el menor miedo a recibir alguna entrada dura. Los profesores, se apiedarían de mí y se pelearían por darme sobresalientes sin mérito alguno. Pero lo mejor sería en casa, traslado inmediato a la habitación de mis padres (cama grande), televisión para mi solito, y todas las atenciones de Mamá, comiditas, desayunos, meriendas, colocarme bien el cojín o almohada.... ahhh, un paraíso pensaba. Supongo que era una manera de llamar atención al resto.... o no... simplemente lo veía como un juego y algo divertido. Como nunca, gracias a Dios, he tenido que utilizar tales aparatos, y creedme que, en esta edad en la que vivo, no lo deseo, y el solo pensarlo me da angustia. También tuve un época con las gafas, estaba empeñado en que tenía que usarlas, y aún ahora, con mis 36 añitos, no he conseguido que nadie me diga que debo utilizar unos anteojos. Estamos en un época de virus y retrovirus, gripes, gastroenteritis y todo un mundo de bichos tocanarices, pululan, dispuestos a pillar al que cojan por delante. Como mis hijos, son como un enorme papel absorbente de cocina con patas, y todo cuanto virus pasan por delante de ellos es absorbido como si de un agujero negro se tratara... pues aquí estamos, con mocos, toses, estornudos, gripes, fiebres, médicos y hospitales. La que mayor fue golpeada fue la mayor, fiebre alta, medicinas y visitas a pediatras y a urgencias. Pero el pequeño, que no quería ser menos y recibir los distinguidos tratamientos de su hermana, exigía medicinas sin ton ni son. Cada vez que había termómetro para una, había para otro..pero el pequeño no subía lo suficiente, pero él, erre que erre, quería medicina. Así que en un arduo trabajo de sugestión, consiguió dar unas décimas, con lo que consiguió la tan ansiada dosis de la medicina naranja.... también quería la de fresa, pero esa, sólo está para gente muy capacitada. Como la mayor seguía subiendo en temperatura corporal decidimos llevarla por urgencias, y claro, el pequeño empezó con llantos y gritos, ¿acaso le daba pena su hermana?, ¿acaso estaba preocupado por ella?...nooooo...lo que quería era ir él también al hospital, y no había quien lo consolase, de hecho, tuve que prometerle que lo llevaría al regresar su hermana, y entonces, si, se calmó y esperó por nosotros. Camino a urgencias con la niña pensaba, ¿como puede un niño querer la medicina sin estar enfermo, ir al hospital sin tener que ir, toser sin tener tos?... no lo entendía, hasta que recordé mi época en la que añoraba una pierna rota y entonces lo comprendí...o son cosas de niños, o es cuestión de genética o cada generación se repite y se mejora, o simplemente, es cuestión de casualidades y mismos gustos... no lo sé, pero de momento, los dos están pachuchos, aunque una más que otro. Un abrazo.
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martes, 14 de enero de 2014
domingo, 27 de octubre de 2013
CUESTIÓN DE COMODIDAD
Hola a todos. Resulta que todos los padres tenemos a nuestros hijos en un pedestal, y que cada cosa que hacen, cundo son pequeños, lo vemos desde otro prisma, que de no ser nuestros hijos entraríamos en ataques de cólera, ira e histeria colectiva. Si un hijo se levanta un día con ganas de colorear y pintar, y decide tomar como lienzo las paredes de la habitación, será que está desarrollando su lado artístico, y quien sabe, a lo mejor tu casa se acaba convirtiendo, en un futuro, en un santuario de peregrinación arqueológica, cuando estudien esa especie de homínido, que durante su existencia fue para atrás en la evolución. Y no digamos si en medio de tal caos pictórico, se intuye a los progenitores sobre lo que un día fué una pared de color blanco ártico, con el incluido sobrebabamiento del piso. O si el pequeño Toma la decisión de esparcir todos los alimentos que fueron elaborados para su alimentación y convertirlo en sistemas decorativos ecológicos del hogar dulce hogar. Que fuerte está, mira dónde llegó, y si le añadimos que el progenitor paterno, ha sido untado en papilla de maíz hasta los calcetines, pues el resultado se convierte, en una anécdota con un calado de chistes, bromas y risas que durarán hasta que el padre, en una edad avanzada, se lo recuente a sus nietos. Ya no digamos, si el niño decide, que le sobran las cosas que en su día, colocaste y dispusiste por el salón, después de un estudio completo de diseño lumínica de la zona para mayor esplendor de los artículos colocados. En este caso, es solo un niño inquieto, en edad de descubrir el mundo que le rodea y con una enorme capacidad de adaptación al medio o en su contrario, de adaptar el medio a él, con la consecuente razonamiento paterno de, la culpa es nuestra por dejar eso ahí. Vamos, que a cada cosa que hacen, una buena justificación le darán unos padres, dispuestos a ver lo mejor de sus hijos elevados a la máxima potencia. Pero resulta que el otro día, nuestro pequeño llevó sus actos a un punto nunca visto por estas tierras. Resulta que nuestro niño tiene completamente controlado el tema de los escapes sólidos-líquidos. Pero ahí estaba el niño, jugando en el salón, delante de su padre y madre y acompañado de su hermana, cuando, ni corto ni perezoso, procedió a una bajada de pantalón y la siguiente capa en forma de calzoncillo y orinó en medio del salón, con el consiguiente asombro y sorpresa de los ahí presentes. A la pregunta de por qué lo hizo, la respuesta fue clara y contundente.... estaba jugando y por no dejar de jugar, pero tampoco por hacérselo encima, pues ahí mismo, una cuestión de comodidad digo yo, lo que sé, es que sus padres, hubo un momento, en que no aguantaron la risa.... si fuese otro quien se lo hiciese en mi salón.... otro gallo cantaría. Esperando a la siguiente. Un abrazo.
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